Recientemente, han salido a la luz en los medios de comunicación africanos e internacionales varias historias de niños y niñas cameruneses que han sufrido abusos. Nos hemos reunido con Berinyuy Naomi Kibula, directora del Programa de África de Keeping CHildren Safe (KCS) y cofundadora de Youth Ignite Cameroon, para analizar las emociones que despiertan estas historias, debatir sobre el contexto del abuso infantil y proponer medidas para proteger a cada niño y niña.
«La crisis de la violencia sexual contra niños y niñas no es nueva, pero demasiadas sociedades se han acostumbrado peligrosamente a ignorarla. En Camerún, concretamente, la situación se ve agravada por los conflictos, los desplazamientos y la fragilidad institucional. UNICEF ha señalado que los niños, niñas y adolescentes que se encuentran en situaciones de crisis humanitaria, incluidos quienes son afectados por la crisis actual en las regiones del noroeste y suroeste de Camerún, corren un mayor riesgo de sufrir explotación y abuso sexuales, y que las niñas se ven afectadas de manera desproporcionada», explicó Kibula.
Los estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) también ponen de manifiesto estas realidades: aproximadamente una de cada cinco mujeres y uno de cada 13 varones afirman haber sufrido abusos sexuales durante la infancia (OMS, 2020). «No se trata solo de cifras. Detrás de cada estadística hay un niño o niña cuya vida se ha visto marcada para siempre por las acciones de adultos que deberían haberles protegido», añadió.
El abuso y el abandono infantil no solo causan daño a los individuos; las investigaciones han demostrado que las experiencias adversas en la infancia, incluido el abuso sexual, están estrechamente relacionadas con consecuencias a largo plazo, como problemas de salud mental, adicción a sustancias, un bajo nivel educativo y una menor productividad económica en la edad adulta.
Como afirmó Kibula: «Cuando no protegemos a los niños, niñas y adolescentes, estamos poniendo también en peligro el futuro de comunidades y naciones enteras. Si hay una forma de destruir a una generación, es esta: dejar que el abuso quede sin respuesta, sin nombre y sin castigo. Dejar que el silencio se convierta en la norma y que la vergüenza recaiga sobre la víctima en lugar de sobre el agresor. Haz esto de manera constante y, en una generación, habrás construido una sociedad fracturada desde dentro. Esto no es una metáfora, sino una trayectoria documentada».
Al enterarse de estos casos, Kibula se sintió abrumada: «Las historias de abuso como las que están saliendo a la luz en estos momentos deberían conmovernos a todos y todas. Porque cuando dejamos de sentirnos conmovidos por el sufrimiento de los niños y niñas, hemos perdido algo irremplazable en nuestro carácter y como sociedad. Lo que está sucediendo en Camerún demuestra que nos encontramos en una encrucijada. Es una cuestión que concierne a todos los niveles de la sociedad». Como profesional dedicada a la protección infantil organizacional, Kibula sabe que la emoción, por muy genuina que sea, debe traducirse en acción. En sus años de trabajo, ha visto cómo el abuso infantil ocurre en espacios donde no hay supervisión, la rendición de cuentas es débil y se silencia a las víctimas. Por eso, preguntó: «¿Qué estamos haciendo en todos los niveles para proteger a nuestros niños, niñas y adolescentes?».
«En lo que respecta a las familias y a las personas que cuidan de los niños y niñas, las investigaciones demuestran sistemáticamente que los niños y niñas que mantienen relaciones abiertas y de confianza con sus cuidadores son más propensos a denunciar el abuso en una etapa temprana, y la denuncia temprana es uno de los factores más importantes para reducir el daño a largo plazo», afirmó Kibula. También es importante tener en cuenta que las normas comunitarias y las prácticas tradicionales siguen siendo uno de los mayores obstáculos para la denuncia del abuso sexual infantil. Cuando las comunidades y los líderes tradicionales no toman medidas contra los agresores en nombre del honor familiar o la armonía social, se convierten en entornos donde se «permite» que el abuso continúe.
Las cuestiones relacionadas a la protección de la infancia también conciernen a los gobiernos, las instituciones y las organizaciones que trabajan con y para los niños, niñas y adolescentes, Kibula añadió: «El Código Penal de Camerún tipifica como delito los delitos sexuales contra menores, pero una legislación sin aplicación práctica no es más que papel. El Comité Africano de Expertos sobre los Derechos y el Bienestar del Niño ha instado en repetidas ocasiones a los Estados miembros a reforzar los sistemas de protección infantil, invertir en infraestructuras de bienestar social y garantizar que los autores de estos delitos se enfrenten a consecuencias judiciales significativas».
Tal como establecen los Estándares Internacionales de Protección Infantil Organizacional de KCS: la protección infantil no es un complemento opcional de los programas, sino un requisito fundamental para toda organización que trabaje con o para niños, ya que estas tienen un deber de cuidado que debe plasmarse en políticas, capacitación, mecanismos de rendición de cuentas y una cultura en la que se puedan plantear inquietudes sin temor.
Lamentablemente, en algunos contextos, el término «protección infantil organizacional» se utiliza simplemente para marcar una casilla. Kibula señaló: «Los Estándares Internacionales de Protección Infantil Organizacional de KCS definen la protección como un concepto que abarca la prevención, la denuncia, la respuesta y una cultura de seguridad. Para que un marco de protección sea efectivo, estos cuatro elementos deben estar presentes y funcionar correctamente. En el contexto de lo que está sucediendo actualmente en Camerún, este marco es más importante que nunca. Los niños, niñas y adolescentes que sufren abusos necesitan sistemas en los que puedan confiar. Necesitan saber que lo que pasó no fue culpa suya, que su silencio no fue una debilidad y que merecen protección».
En un llamado a la acción, añadió: «Debemos abogar por una legislación más estricta en materia de protección infantil y por su aplicación. Debemos invertir en la capacitación de quienes trabajan en primera línea, exigir responsabilidades a las organizaciones y cambiar los discursos culturales que silencian a las víctimas y protegen a los agresores. Debemos hablar con nuestros hijos e hijas: abiertamente, con honestidad y con frecuencia. Y no debemos permitir que este momento pase sin más como otra semana más de titulares inquietantes».
La protección infantil organizacional debe aplicarse de manera práctica. No basta con contar con un canal de denuncia si nadie está capacitado para utilizarlo, ni con redactar un código de conducta si la cultura de la organización toma represalias contra quienes denuncian. Las políticas y la capacitación efectivas en protección infantil organizacional se manifiestan en el trabajo diario de varias maneras, tales como:
- Un/a maestro/a que se da cuenta de que un niño o niña se ha aislado y sabe cómo hacerle las preguntas adecuadas con delicadeza y seguridad
- Un/a agente de salud comunitario que pueda reconocer los comportamientos de captación y sabe exactamente a quién llamar
- Un/a director/a de programa que crea un entorno en el que el personal puede expresar sus inquietudes sin temor a represalias
- Un/a líder que, cuando se presenta una denuncia, prioriza la seguridad del niño o niña sobre la imagen de la organización
KCS ofrece una amplia gama de recursos, herramientas y módulos de microaprendizaje gratuitos para ayudar a orientarse en materia de protección infantil organizacional, desde por dónde empezar y cómo evaluar las prácticas de protección infantil de una organización hasta comprender los riesgos para la seguridad de los niños, niñas y adolescentes en situaciones de emergencia, entre otros temas. «A quienes tengan dudas, les sugiero que utilicen los Estándares Internacionales de Protección Infantil Organziacional, ya que marcan el camino hacia una participación proactiva en la seguridad de los niños, niñas y adolescentes», concluyó Kibula.
Keeping Children Safe es una organización internacional sin fines de lucro dedicada exclusivamente a poner fin al abuso y la explotación infantil en las organizaciones. En las últimas dos décadas, KCS ha influido en el bienestar de más de 153 millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo, a través de capacitaciones y apoyo a más de 40.000 profesionales y colaborando a que 24.000 organizaciones sean más seguras para niños y niñas en 186 países y territorios, gracias a su labor y su defensa de esta causa.
